La limpieza hepática

 

 

 

Muchas personas creen que los cálculos biliares solo se encuentran en la vesícula. Esta suposición es errónea. La mayoría de los cálculos biliares se forman en el hígado y comparativamente pocos ocurren en la vesícula.

Gracias a su extraordinario diseño, el hígado “parece” funcionar adecuadamente, incluso tras haber perdido hasta un 60% de su eficiencia original.

En medicina tradicional china se lo denomina “el jefe del ejército”
Todas las enfermedades o síntomas de mala salud son causados por algún tipo de obstrucción (física o energética).

Un colon constantemente estreñido es otro claro ejemplo de cómo una obstrucción puede irrumpir en nuestro bienestar. Esta situación de retención de desechos tóxicos en el intestino conduce a un colon tóxico y si continúa, a un cuerpo intoxicado con toda clase de síntomas.

La infección renal resultante de una obstrucción en el flujo de orina en los riñones o la vejiga por una piedra calcificada. Un engrosamiento de la sangre causado por comidas o bebidas acidificadas en exceso, como las carnes, azúcares, harina de trigo refinada, y lácteos entre otros, restringe el flujo de sangre por capilares y arterias, y puede derivar en numerosos problemas físicos, desde la simple irritación de la piel hasta la artritis, un ataque cardíaco o un derrame cerebral.

Obstrucciones como estas o similares en el cuerpo están directa o indirectamente relacionadas al restringido funcionamiento hepático, en particular, al punto muerto causado por los cálculos biliares en el hígado y la vesícula. La presencia de bilis coagulada (cálculos biliares) interfiere en la mayoría de los procesos vitales como la digestión, la eliminación de desechos y la neutralización de sustancias dañinas en la sangre. Al descongestionar los conductos biliares en el hígado y la vesícula, los 60-100 trillones de células en el cuerpo podrán “respirar” más oxígeno, recibir suficiente cantidad de nutrientes, eliminar eficazmente los productos de desecho metabólico y mantener perfecta comunicación con el sistema nervioso, endocrino y con el resto de las partes del cuerpo.

Casi todos los pacientes que sufren de enfermedades crónicas tienen cantidades excesivas de cálculos biliares en el hígado. La mayoría de los cálculos biliares se componen de bilis líquida, siendo el colesterol su principal componente. Esto los hace prácticamente invisibles a las tecnologías de rayos x y ultrasonidos. En la vesícula, el 20% del total de las piedras, están constituidas por minerales, y sobre todo  por calcio y pigmentos biliares. Las modernas herramientas de diagnóstico pueden detectar fácilmente estas piedras duras y más grandes, pero no ven las piedras más suaves y o calcificadas en el hígado. Solo cuando hay una cantidad excesiva de piedras con el colesterol como componente principal (95%), las cuales obstruyen los conductos biliares en el hígado, el ultrasonido revela lo que se conoce como hígado graso.

La bilis (que es un líquido verdoso y alcalino) ayuda en la digestión de grasas, calcio e ingesta de proteínas; es necesaria para mantener los niveles de grasa en sangre, eliminar toxinas, ayuda a mantener el equilibrio ácido/alcalino del tracto intestinal y ayudar al colon  a evitar el desarrollo de microbios dañinos. El hígado tiene que producir entre 1.1 y 1.6 litros de bilis por día. Mucha gente produce solo la cuarta parte o menos de la cantidad necesaria.

Los cálculos biliares obstructivos pueden mermar en gran manera la capacidad del hígado para desintoxicar todas las sustancias suministradas externamente, más las sustancias generadas internamente durante el metabolismo, también impiden al hígado entregar la cantidad adecuada de nutrientes y energía a los lugares precisos del cuerpo en el momento justo. El hígado es el principal órgano responsable de procesar, convertir, distribuir y mantener las necesidades de “combustible=energía=glucosa” del cuerpo.

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