Dos extremos vibratorios para digerir la energía:

Cólera y responsabilidad

 

 

El hígado, la vesícula biliar, expresan: o bien cólera, como la más degradada, o bien responsabilidad cuando se brinda a las necesidades del mundo.
Esto es lógico si se tiene en cuanta  que el hígado está identificado con la síntesis y que la síntesis es una cualidad suprema por cuanto ella cobija bajo un mismo manto a todo lo existente ya que, en su verdadera esencia, expresa al amor inclusivo.
Quien asume responsabilidad, encuentra que es agradable y grato aliviar la tarea de los demás; y como toma carga sobre sí, su energía se purifica, se expande y hay una más abierta orientación  de todo su caudal circulante.
La cólera, en cambio, realiza todo lo contrario de la síntesis, por cuanto se trata de una explosión incontrolada que dispersa la energía y, consciente o inconscientemente, lleva el deliberado propósito de herir o de ubicarse en situación de superioridad. La cólera, por lo tanto, nace y se desarrolla en el desorden; y el desorden, no sólo genera cólera y la cólera violencia, sino que puesto que el hígado nutre los músculos al depositar en ellos el glucógeno, se crean tensiones que se convierten en corazas con las que nos ponemos a la defensiva, acentuando aún más la separatividad.
En ambos casos la sangre será la encargada de llevar a todo el cuerpo el mensaje de la conducta filosófica asumida; si, consustanciadas con nuestros hermanos hemos cargado con alguna responsabilidad, la armonía, la alegría y la expansión serán la recompensa; y, en contraposición, el saldo inevitable de la cólera será la “mala sangre” porque, con el estallido, se ha dispersado la energía, y ella se ha empobrecido y se ha vuelto densa, pesada y torpe para acarrear los nutrientes.
Después de todo lo dicho, apenas si es necesario aclarar por que una de las consecuencias del stress son las ulceraciones estomacales; como el hígado está incluido entre los órganos digestivos y su trabajo consiste en sintetizar, cuando nuestra mente no tiene flexibilidad suficiente como para elaborar las señales que vienen del exterior, estalla la cólera (expresada o no), se pone en marcha el mecanismo del stress del hígado, en su afán de proteger el corazón y el sistema nervioso, retira energía de la piel y del estómago, los cuales acusan el impacto.
Resalta así, una vez más, que cuando nos sentimos mal, no es que alguien nos este dañando sino que nos dañamos nosotros mismos al bloquear nuestra circulación, por no adaptarnos y tratar de mejorar las condiciones de vida que nos ofrece el entorno, en vez de estar inmersos en nuestra propia auto conmiseración.
Recordamos que el destino de este bello planeta depende de que seamos capaces de cargar con determinada responsabilidad. Si lo hacemos, el chakra cardíaco se expandirá y, con al libre circulación, se establecerá la hermandad y con ella la salud.
No olvidemos que detrás de la escena de lo aparente se mueve esa misma energía que, en el plano físico se expresa a través del hígado, y entonces podemos afirmar, con Otto Wolf, que el hígado es un órgano universal.

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