Los alimentos

 

 

 

Como órgano de la vitalidad corporal, los alimentos vivos favorecen el trabajo del hígado; por el contrario, los alimentos muertos son una carga tóxica. Por alimentos vivos entendemos frutas y verduras frescas (en lo posible orgánicas), semillas germinadas o activadas, brotes, fermentados.

El tema de los conservantes es gravísimo en la función hepática, pues precisamente el poder inhibitorio que los hace útiles para la preservación de los alimentos, interfiere seriamente en los numerosos y vitales procesos enzimáticos que debe realizar el hígado. Además los conservantes son ingeridos en cantidades elevadas y con gran regularidad, pues están presentes en todos los alimentos industriales de consumo masivo. Por lo tanto es muy importante el efecto benéfico de las enzimas, localizadas en los vegetales crudos, fermentados y germinados.

Además del repollo, las mejores hortalizas para el hígado son: zanahoria, alcaucil, escarola, endivia, apio, rabanito, bardana, nabo, palta, remolacha y las hojas verde oscuras (diente de león, achicoria, perejil, berro, espinaca, rúcula). Todas las hierbas de sabor amargo también benefician al hígado: alcachofa, boldo, carqueja. Entre las frutas favorables a la función hepática podemos citar: uva, ciruela, manzana (sobre todo verde), cítricos, frutos del bosque (frutilla, arándanos, frambuesas, mora y cereza). El azúcar de las frutas, la fructuosa, se metaboliza y depura la función hepática.

Otro alimento benéfico para el hígado es la miel de abejas, por su poder depurativo sobre este órgano. También son importantes los alimentos ricos en cromo (levadura de cerveza, azúcar integral de caña) por ser un mineral clave en la función hepática y carente en la moderna alimentación refinada. Importante también es el aporte de ácidos grasos esenciales, presentes en los pescados de aguas frías, en las semillas de girasol, lino, chía, soja, sésamo y en los aceites de ellas obtenidos por simple presión en frío y sin proceso de refinación. Y sin dudas las aceitunas y el aceite de oliva juegan un papel fundamental en la purificación del hígado.

Debemos citar a las grasas saturadas, sobre todo las provenientes de animales de cría industrial, que incluyen alto contenido de antibióticos, hormonas sintéticas y metales pesados. En este rubro se encuentran los lácteos y sus derivados, que además reciben el aporte de conservantes y aditivos químicos de síntesis. Frituras.

 

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